Stella Maidana trae moda para todas

Stella Maidana trae moda para todas

por | Abr 15, 2016 | Bancos comunales, Historias Emprendedoras

Stella y su marido abren el local sobre la avenida Avellaneda a las 10 de la mañana en el barrio de Virreyes (San Fernando). Inician la jornada de trabajo con café y facturas. En un tiempo más el mate gira.
Stella Maidana es socia del Banco Comunal “Hermanos en fe” hace un año y medio, y hace cuatro que tiene su local “Mallorca, moda para todas”, es mamá de seis hijos y abuela de cuatro nietos.

¿Cómo iniciaste con el negocio?

Toda mi vida vendí ropa, iba con mi bolsito a todos lados. En 2010 viajamos a España a visitar a mi hijo, y surge la idea de poner un local. Eso se pudo concretar en 2012, él nos dio un empujón. Conseguimos el local y tramitamos la habilitación municipal. Por eso se llama «Mallorca», porque mi hijo vive en Palma de Mallorca.

¿Y en el Banco Comunal?

Un día vino una amiga, que era cliente; ella estaba en un Banquito, me dijo que era para microemprendedores y que eso me podía ayudar, y me presentó al grupo. Al principio me costó, no entendía, hasta que logré entender la cuenta interna, los ahorros, y así fui creciendo ciclo a ciclo, subiendo la escalera de crédito.
Los préstamos del Banquito son una inyección a mi negocio y así crece un poco más, voy innovando, trayendo otras cosas.

¿Cuáles son las claves para mantener tu negocio durante este tiempo?

Seguir apostando. Siempre le digo a mi marido que soy kamikaze, él me dice “te metés, te metés y no sabes si vas a salir” y por suerte siempre salgo, o salimos juntos.
El está trabajando conmigo, cuando lo echaron del trabajo. Esta es nuestra fuente de ingresos ahora.

Lo que hacemos es personalizar las ventas. Mis clientes me llaman por teléfono o me mandan un WhatsApp y me dicen necesito ‘un pantalón de tal talle’ y yo ya sé lo que tengo que traer, entonces todos los fines de semana ya sé que tengo una cierta cantidad de productos vendidos. Y siempre traigo cosas nuevas, entonces la gente está acostumbrada a que todos los fines de semana yo tenga algo distinto.

Stella comenta que algo central en su negocio es la mesa que protagoniza el centro del local. Porque la mesa es el «punto de reunión», donde se juntan los vecinos y amigos, donde siempre hay un café para convidar «ya es el staff de Mallorca» -comenta entre risas – y lo que ve la gente de afuera es que acá hay fiesta, siempre festejamos los aniversarios, día de la madre, fin de año. Los que están afuera ven algo distinto y no están acostumbrados a que los traten de esta manera».

¿Y cómo abasteces el local?

Con mi marido nos vamos a la mañana bien temprano, recorremos y traemos mercadería. Todos los fines de semana traemos productos nuevos. Y así fui diversificando.

También con personas que pasaban por acá. Uno fabrica zapatos, me los deja en consignación, y hace 3 años que trabajo con él. Otro día pasó una señora vendiendo carteras de cuero.
Un día vino un muchacho a decirme que vende ropa hindú, si me interesaba. Mirá -le dije yo- ropa hindú tienen acá enfrente, yo más que nada respeto la lealtad comercial. Si ella tiene hindú yo no puedo. Acá me parece más barrio, más de respetar al otro.

¿Y finalmente?

Es ropa que trae de España, era otra cosa, y ahí abrió su valijita. Y yo le pregunté, ¿porqué me elegiste a mi? Me llamó mucho la atención el nombre de tu local, me dijo. Por Palma de Mallorca y “moda de todas” porque traemos todos los talles, desde los más chicos hasta los más grandes.

Y mirando hacia adelante, ¿qué te gustaría que pase con tu emprendimiento?

Me gustaría seguir creciendo en mi negocio, y en algún momento incorporar y diversificar mucho más mis productos. Mis hijos me dicen, “lo tuyo va más allá de la venta, es muy personalizado” y es un trabajo extra, pero es mi manera de trabajar.
Yo quiero apostar a que el Banco Comunal no caiga, porque la situación del país es difícil y al neoliberalismo no le gusta lo social.

Stella confiesa que su interés es por lo social, incluso está terminando la tecnicatura en Trabajo Social. En 2002 iniciaron una organización con otros matrimonios de su Parroquia, y pasaron el invierno de ese año preparando desayunos con mate cocido y con lo que sobrara de las panaderías. Se repartía y compartía con los cartoneros que iban  en que llamaban en esa época el “tren fantasma” que va a Garín. Recibían donaciones para comprar útiles para los chicos, pero algunos no tenían ni un cuaderno para ir a la escuela.

Esa impronta de interés por el otro, de cuidado y escucha es la que se refleja en el trabajo de Stella.

> Más fotos del emprendimiento de Stella en nuestro álbum



			

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