Verónica y Ángela, dos historias y la misma confianza en su «banquito»

Verónica y Ángela, dos historias y la misma confianza en su «banquito»

por | Jul 26, 2016 | Bancos comunales, barrios, Formación, Historias Emprendedoras

Verónica y Ángela son dos mujeres que se apoyan en sus familias y luchan por conseguir sus sueños. Ser parte de un Banco Comunal marcó la diferencia en sus logros.

Estas amigas se conocieron en el Banco Comunal “San Antonio” de Maquinista Savio, hace más de 4 años. Coinciden en que gracias al banquito están donde están. Los créditos que fueron recibiendo las ayudaron a crecer  en sus negocios y por eso siguen trabajando en el banquito, una como Tesorera y la otra como Administradora de Cuentas. El banquito les da la oportunidad de ser independientes y de ayudar a sus familias.

Verónica tiene 33 años y hace un año que tiene una librería; es la primara vez que tiene un negocio de este tipo. Se esfuerza por atraer a la gente con buenos precios y mucha variedad. Su librería además es cotillón, regalería, papelera, fotocopiadora, y ahora sumó la carga de tarjeta Sube. Aunque puede parecer mucho ella sueña con más.

Vero tuvo que remarla para tener su negocio; al principio tuvo que sortear obstáculos que no esperaba, pero ella es positiva: “quiero que rebalse de mercadería, si es lo que quiero en algún momento lo voy a tener”. De esa forma un día va a lograr tener un sueldo que le permita ayudar a su esposo en los gastos de la casa.

Vero tiene 3 hijos en edad escolar. Antes de la librería todo su tiempo era para sus hijos, ahora ya no está al 100 % y eso lo siente, pero sabe que con sacrifico verá buenos resultados. Abre su librería a las 9 de la mañana. Entre mates y radio comienza a ordenar, le gusta que la gente vea todo lo que tiene para ofrecer, y si no tiene lo que ellos buscan lo anota en su cuaderno para traerlo. A las 12:30 cierra, se va a su casa para estar con sus hijos, más tarde su marido vuelve del  trabajo y juntos salen a buscar mercadería. Le costó mucho aprender sobre proveedores y precios, pero aprendió. A las 16:30 vuelve a su local hasta las 20:00 hs.

Mientras Vero me cuenta de su historia y atiende a los clientes, llega Ángela.

Ángela ya se había disculpado porque no iba a llegar a horario por problemas personales. Le ofrecí pasar la entrevista para otro día, pero no quiso, a pesar de todo estaba lista y emocionada por contar su experiencia.

Tiene 53 años, vive con su marido y uno de sus 4 hijos. Hace 14 años se dedica a la venta de ropa interior. Tuvo su primera experiencia a los 15 años con su mamá en Formosa, donde vendían comida y ropa. Después, ya en Buenos Aires, trabajó cama adentro varios años pero decidió retomar con las ventas porque puede manejar sus tiempos, y eso es bueno porque le gusta estar para su familia.

Ángela tiene su lista de clientes que fue consiguiendo de boca en boca. En su bicicleta recorre los negocios de la zona, deja su bolso con mercadería para que ellos miren tranquilos y elijan, después en su cuaderno anota los pedidos y fechas de pago. Ella se preocupa de traer lo que necesitan y a un buen precio, por eso ya no solo vende lencería, también tiene ropa para chicos y grandes; y ahora va por los jeans (todo un desafío). Además Ángela tiene un plus: no solo se interesa por la ropa que sus clientes necesitan, ella también les presta su oído, su secreto para tener tantos años en este negocio es la buena onda. Cada día que ella sale a hacer su recorrido se mentaliza para salir con energía positiva porque sabe que siempre hay alguien que tiene algún problema, y, aunque ella también tenga los suyos, se hace tiempo para escuchar.

El sueño de Ángela es tener un auto para poder llegar a más lugares con más mercadería. No lo ve como algo lejano, porque cuenta con el apoyo de su familia y juntos están haciendo planes para comprarlo. El emprendimiento de Ángela es familiar, lo hace por necesidad ya que su esposo y su hijo cobran una pensión y no les alcanza, pero también lo hace porque le gusta, “nació para esto”, como le dice su hija.

Entre mates y anécdotas se nos fue la mañana, la pasión con la que estas mujeres hablan de lo que hacen da para seguir escuchándolas más tiempo. Orgullosas de estar en el banquito “San Antonio” haciendo planes no solo de crecer en sus negocios sino de ayudar a modernizar el sistema del banquito, se despiden. Cada una tiene que retomar las actividades del día, que está frío y amenaza con llover, pero nada las detiene.

> Por Marta Samaya, Colaboradora voluntaria.

> Más fotos de los emprendimientos de Verónica y Ángela en nuestro álbum

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