Mañanitas de colores y Economía Popular

Mañanitas de colores y Economía Popular

por | May 24, 2017 | Bancos comunales, barrios, Historias Emprendedoras

Silvia Díaz vive en Virreyes, en el partido de San Fernando. Trabaja con tejidos artesanales desde hace 16 años, como un complemento a otros trabajos fuera de su hogar. Tuvo otros emprendimientos -venta de sábanas y de calzados, por ejemplo- pero prefirió dedicarse a lo que más le gusta hacer. Disfruta tejiendo, tanto que aprendió a hacerlo con revistas que compró y no a través de la enseñanza de otra persona. Leyendo y viendo los dibujos fue diversificando su estilo y fortaleciendo su técnica; particularmente la del crochet.
Vende sus productos difundiéndolos a través del “boca en boca” y con la ayuda de su hijo y su nuera. En sus respectivos trabajos siempre encuentran clientes -sobre todo en esta época- y ellos se encargan de tomar pedidos y funcionan muchas veces como modelos para enseñar gorros, bufandas, chales y mañanitas de colores brillantes. Luego obtienen un porcentaje de la venta. También lleva a cada reunión del Banco Comunal estas prendas para que sus compañeras elijan y se prueben.

Llegó a “Nuestra Amistad” por recomendación de su actual presidenta, María. El “banquito” antes se llamaba Victoria. Su vínculo con Nuestras Huellas comenzó hace más de diez años, antes incluso de que se trabajara con la metodología de Bancos Comunales. Formando parte de este grupo fortaleció su emprendimiento no solo a través de los microcréditos que recibe sino también gracias a la capacitación, con la cual aprendió a ahorrar y a organizar sus gastos registrándolos y comparando los precios de los insumos.
El próximo paso para su emprendimiento será contratar a una persona para que la ayude, lo que -comenta- requiere una inversión de tiempo de su parte para enseñarle a elaborar las prendas con un estilo propio, que se diversifica por la creatividad invertida en cada tejido. “No hago dos prendas iguales, siempre cambia algún detalle: el tipo de cuello, la combinación de las lanas”, cuenta. También piensa en tener un local propio, pero sabe que ese plan exige cierta disponibilidad con la que no cuenta, ya que trabaja además como niñera de dos hermanos desde hace 6 años. Reparte su trabajo emprendedor durante las horas libres por la mañana y en los viajes en colectivo o tren. Los fines de semana se dedica a la danza: toma clases de folklore los sábados.

Cuando hablamos sobre la vinculación del banquito con su emprendimiento y el rol que juega en su vida cotidiana, Silvia destaca la ayuda económica y el ahorro como beneficios pero enseguida añade: “Y las reuniones cada 15 días”. Para ella “Nuestra Amistad” es parte de una rutina pero también es un espacio necesario, de intercambio, de socialización. Es un vínculo con vecinas que va más allá de un saludo ocasional o de una charla breve en medio de las labores diarias: el Banco Comunal como grupo genera identidad, tiene un propósito y fortalece lazos comunitarios que otorgan -particularmente a mujeres con poca disponibilidad horaria para dedicar a sus emprendimientos- oportunidades de independencia y autogestión.

Por Anahí Genari

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